Juventudes, fe y movilización social

(Parte III)

Enrique Vega-Dávila

 

Apuntes teológicos-pastorales

 

  1. Joven como “lugar teológico”

 

La vida de quienes son jóvenes es un “lugar teológico”; sus gritos, sus anhelos, sus sueños son expresión de una vida que se va abriendo paso y que reclama atención. Todas esas vivencias no nos pueden ser ajenas. Que pongamos cuidado en quienes son jóvenes no se debe a alguna razón mayor que la propia vulnerabilidad que viven y que demanda una respuesta coherente por parte nuestra; ellos y ellas se encuentran frente a nosotros y nosotras como un verdadero signo de los tiempos.

 

En el inmenso mar de injusticia donde quienes son pobres “mueren antes de tiempo”, jóvenes, varones y mujeres, enfrentan situaciones complejas solo por el hecho de ser jóvenes. Como concreción de la opción preferencial por quienes viven pobreza, la opción preferencial por las juventudes, vive esa misma teocentricidad[1], es decir, es trinitaria, está siempre en salida.

 

En medio de la multiplicidad de carismas, acompañar a jóvenes implica un descubrir a Dios de un modo diferente, no mejor o peor sino solamente diferente. La rica experiencia bíblica nos muestra una historia salvífica que puede ser ciertamente llamada “historia de predilección por quienes son pobres”, pero en la que apreciamos que también irrumpen jóvenes, algunos personajes con nombres propio, otros, especialmente mujeres, en el anonimato: Joven es José el incomprendido por sus hermanos que lo vendieron[2]; joven es Josué cuando empezó a colaborador con el libertador[3]; joven es Gedeón, el juez[4]; joven es Samuel cuando es llamado a profetizar[5]; joven es la muchacha que le cuenta a Naamán sobre Eliseo[6]; joven, muy joven, es Josías, el buen rey de Judá[7]; joven es Miriam, la madre de Jesús[8]. La historia de Dios con quienes son pobres es también historia de Dios con jóvenes.

 

En esta única historia se va haciendo y construyendo “con los pies en la tierra y el corazón en el horizonte”[9] una forma de ver a Dios que tiene como punto de partida “la misma realidad o contexto en donde viven los y las jóvenes. Contexto marcado fundamentalmente por lo urbano, pero también en una pequeña escala por lo rural (…), diverso, multicultural y afectado por los estigmas e imaginarios de los adultos frente a los tiempos y formas de ser de los y las jóvenes”[10].

 

  1. “Cristorreferencia”

 

Uno de los dramas de la brecha generacional es que la generación más joven no siente cercanía alguna con quienes ejercen liderazgos actualmente. El mayor distanciamiento en la brecha ha significado, de modo práctico, perder la referencialidad o ascendencia de una generación sobre la otra.

 

En medio del universo de comentarios que se podrían hacer a esta generación más joven, me parece importante destacar que los hechos son más valorados que muchas palabras y que acciones en favor de otras personas tienen mayor significatividad que los discursos que son brindados; por eso, la misma praxis de Jesús, que tenía en cuenta a quienes eran vulnerables en su sociedad y que eran vulnerados o vulneradas por su condición de infancia, de mujeres, de pecado, tiene un carácter vinculante mayor y, por lo mismo, de referencialidad.

 

Esto llamado “cristorreferencialidad” es otra manera de expresar ese carácter vinculante con la fe en Jesús, el Cristo, aplicado en contextos juveniles. La figura de aquel judío marginal nacido en una región marginal puede seguir generando expectativas en jóvenes que aprecian no actos religiosos o milagros sino hechos que favorecen la vida, presentar al Jesús de la historia significa evidenciar su praxis de justicia y dignidad, reivindicación de minorías o igualdad.

 

Aunque parece demasiado obvio, las pastorales juveniles deberían también tener por criterios la Encarnación, la predicación del Reino y la Muerte/Resurrección como parte de su propia espiritualidad-acción. Recordar la praxis de Jesús libera a las pastorales de muchas taras, mirarle a él y desde él a la humanidad puede generar nuevas identidades religiosas más coherentes con la realidad.

 

  1. Iglesia discípula

 

Un problema de fondo en ciertas pastorales juveniles –y en la no tan juveniles también- sigue siendo la comprensión que se posee de Iglesia; el clericalismo que afecta tanto a clérigos como a laicos y laicas no permite el desarrollo de una pastoral que realmente valore a quienes son jóvenes por ellos mismos o ellas mismas; por otro lado, una visión negativa del mundo termina por exaltar ciertos estados de vida sobre otros, dejando de lado al laicado como algo inferior. Algunos clérigos aparecen como quienes abarcan todos los espacios no solo de dirección sino también de asesoría, y laicos o laicas aparecen con poca voz o simplemente como peones de un tablero de ajedrez pastoral. Lo cierto es que un sector eclesial tiende a presentarse como quien tiene la última y única palabra, esto desfigura no solo su ministerio sino a la Iglesia entera.

 

Nuestra intención pastoral no puede radicar en dar soluciones a todos los problemas que acontecen sino acompañar procesos para que las personas puedan descubrir lo que Dios quiere de ellos o ellas. Es necesario abandonar esa pretensión de poseer la última palabra sobre cada tema y es que “no podemos enseñar nada a los jóvenes: podemos, sí, ayudarles a escuchar al maestro interior”[11], necesitamos tenerles como interlocutores, como un real tú que disfruta estando frente a un yo. Necesitamos una Iglesia, tanto laicos y laicas como clérigos, que de hecho no solo enseñen sino que también aprendan.

 

  1. ¿Pastoral juvenil y vocacional?

 

Teniendo en cuenta lo anterior, necesitamos revisar la expresión “pastoral juvenil vocacional” ya que en la práctica han significado dos procesos diferentes y con diferentes públicos. Cuando se piensa en lo vocacional, la referencia casi implícita es sobre algún estado de vida como el religioso o clerical, pero ¿acaso el laicado no es una vocación y una alternativa auténticamente cristiana? o ¿acaso quienes han iniciado procesos de formación por ese motivo han dejado de ser jóvenes?

 

Esta expresión, pastoral juvenil-vocacional, puede tener realmente sentido solo desde una visión integral de la Iglesia. Toda pastoral juvenil debe ser siempre pastoral vocacional pero no dirigida a una sola vocación en específico, eso sería instrumentalizar a jóvenes; una verdadera pastoral juvenil-vocacional fomenta todas las vocaciones. Ni la pastoral juvenil es una cantera para llenar conventos o seminarios, ni la pastoral vocacional puede solo interesarse por el joven o la joven cuando tienen inquietudes para otro estado de vida.

 

Sé que el futuro de nuestras diócesis, congregaciones o institutos de vida consagrada siempre están en juego por la cantidad de personal que tenemos, pero no podemos “capitalizar” la pastoral sino más bien tener mayor presencia, mayor cercanía en todos los espacios. La brecha se va acortando cuando se establecen puentes, ¡hagamos puentes!¡Dejemos de juzgar! Ciertamente, una Iglesia viva posee y fomenta todos los carismas, por eso no necesitamos que quienes han confirmado ya su vocación ayuden en el discernimiento a otras personas. En esta línea de poseer todos los carismas, es necesario evitar siempre cualquier presentación, frase o expresión que muestre una vocación como si fuese mejor que la otra.

 

A modo de conclusión

 

En el inicio de mi formación profesional leí un librito que me agradó mucho por su temática pero que, además, terminaba con una suerte de proposiciones sintéticas[12]. A modo de conclusión, me gustaría hacer algo similar, pero empleando un género un tanto más “posmoderno”, quisiera presentar como una conclusión abierta estos tweets[13], cada uno de ellos quiere sintetizar lo presentado líneas anteriores:

 

  1. Antes que hablar sobre jóvenes, es importante que hablemos con ellos y ellas.
  2. Son ellos y ellas quienes tienen una palabra real acerca de la juventud. A quienes somos adultos nos toca aprender de sus nuevos lenguajes.
  3. Escuchar a jóvenes no es sencillo; como adultos y adultas siempre hemos de reconocer que les escuchamos desde nuestra propia perspectiva.
  4. No podemos creer que porque las juventudes ya no danzan con nuestras melodías, eso signifique que los y las jóvenes han dejado de bailar.
  5. El problema de la juventud no es quienes son jóvenes sino de quienes somos ya adultos y adultas.
  6. Con los y las jóvenes descubrimos a un Dios compañero e interpelador y que celebra la vida.
  7. No se puede hablar del joven o de la joven en general, afirmar generalidades no construye, reduce.
  8. La historia de Dios con quienes son pobres es también historia de Dios con jóvenes.
  9. La pastoral juvenil tiene como punto de partida la vida misma de quienes son jóvenes, si no es así, se les sirve pero el espacio no es suyo.
  10. Debemos examinar por qué queremos trabajar con jóvenes y purificar nuestra intención para no instrumentalizarles.
  11. Debemos ser conscientes de todo lo que afecta a la sociedad para preguntarnos cómo afecta a quienes son jóvenes.
  12. No es Dios o lo divino lo que está en juego o crisis sino más bien cómo ha sido presentada la fe.
  13. Quienes sienten un llamado a servir a jóvenes deben asumir su ministerio como puente generacional entre mayores y menores.
  14. Como agentes pastorales debemos ser fieles a Dios siendo fieles a quienes son jóvenes. No hay otro camino.
  15. La vida de quienes son jóvenes es el lugar desde donde cuestionamos nuestra propia fe, nuestro punto de partida deben ser sus gritos.
  16. Necesitamos una Iglesia, tanto laicos y laicas como clérigos, que de hecho no solo enseñen sino que también aprendan.
  17. Seamos conscientes de los estilos de formación que brindamos. Heredamos un estilo pero también podemos otro. Es cuestión de ser más fieles.
  18. Presentar a Jesús desde la historia puede generar mayor referencialidad. Su praxis puede seguir motivando.
  19. El cristianismo no crece por exposiciones académicas sino por presencia y testimonio. No se trata de demostrar a Dios sino de mostrarlo.
  20. Toda pastoral juvenil es vocacional, pero entendiendo vocación no solo dirigida a un estado de vida.

[1]    G. GUTIÉRREZ, “Una opción teocéntrica”, en Revista Páginas (CEP, Lima, 2002), pp. 14-21.

[2]    Cf. Gn 37.

[3]    Cf. Ex 33, 11.

[4]    Cf. Jue 6.

[5]    Cf. 1 Sam 3.

[6]    Cf. 2 Re 2, 2-3.

[7]    Cf. 2 Crónicas 34.

[8]    Cf. Lc 1, 26-38. Aunque no hay una alusión a su edad, la práctica común de la época era desposarse jóvenes.

[9]    SEJ-CELAM, Civilización del amor. Proyecto y misión, n. 1.

[10]   M. E. ESPITIA, W. ACOSTA, J. VARGAS, R.M.H CÉSPEDES, Soy joven y qué. Miradas de teología y espiritualidad juvenil Sistematización de saberes (Códice, Bogotá, 2008), p. 103.

[11]   C. MARTINI, Coloquios nocturnos en Jerusalén, p. 91.

[12]   Me refiero al libro “Sacramentos para la vida” de Leonardo Boff.

[13]   Twitter® es una red social creada en 2006 que permite enviar mensajes cortos a quienes siguen una cuenta. El máximo de caracteres de 140 por ello, su empleo ayuda a sintetizar posiciones. A esos mensajes se les llama twitts.

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