La agenda ecuménica frente a los desafíos sociopolíticos contemporáneos

church-family-clipart-people.249123917_std_0A finales de mayo de este año una joven brasilera de apenas 16 años fue brutalmente violada por treinta hombres. El brutal incidente fue filmado por los violadores y colocado en las redes sociales. Este acto de brutalidad inmensurable despertó la reacción de personas en toda Latinoamérica, en SU gran mayoría mujeres, cansadas, hastiadas e indignadas por tanta impunidad ante los delitos y abusos a sus cuerpos y su integridad. La prensa internacional reportó el incidente en varios países latinoamericanos, europeos y norteamericanos, gracias a las masivas manifestaciones populares. De lo contrario este terrible incidente habría probablemente pasado inadvertido.

Según las noticas, en el video de la violación los hombres de jactaban de otras violaciones anteriores, se burlaban de la víctima y  alardeaban de su brutalidad.  Aun así, la policía al tomar declaraciones de la joven violada volvió a humillarla una vez más haciendo preguntas sobre sus costumbre sexuales y cuestionado sin base alguna su relato de los hechos.  Fue precisa una reacción masiva en las calles llamando la atención nacional e internacional para que el caso sea investigado con seriedad. Preguntas como ¿qué hacia esa joven en ese lugar?, ¿qué ropa llevaba puesta?, ¿por qué no se resistió?, o comentarios hacia la joven llamándola de “rata”, “malvivida”, “basura” fueron publicados en medios sociales. Algunos incluso llegaron a sumir que no fue violada, sino que la joven solo buscaba llamar la atención.

Lamentablemente esta forma condenatoria de reaccionar, tanto de parte de algunas personas del publico en general como del sistema de justicia y policía en particular no son una excepción. La tendencia a culpabilizar la víctima en una violación es sumamente comun y aceptada como normal.  Ante este hecho, nos preguntarnos ¿qué lleva a las personas a reaccionar de esta manera? ¿Por qué una mujer violada es con enorme frecuencia cuestionada y nuevamente humillada cuando hace una denuncia? ¿Qué estructuras mentales, qué imaginarios religiosos y sociales llevan a tantas personas a sospechar de las mujeres violadas?

En las metas del milenio de las Naciones Unidas 2005-2015, la meta referente a la salud sexual y reproductiva de las mujeres (meta 5) fue la que menos alcanzó los objetivos[1]. Según el informe de la ONU, las mujeres en el mundo entero siguen teniendo trabajos peor pagos y con mayores riesgos que los hombres, las mujeres siguen siendo más pobres económicamente que los hombres aunque trabajan más horas y solamente uno de cada cinco parlamentáricos del mundo son mujeres. En lo referente a posibilidad de planificación familiar en América Latina, una de cada diez mujeres no tiene acceso a métodos o conocimientos anticonceptivos. Y la interrupción voluntaria del embarazo a petición o demanda de la mujer durante cierto período de gestación es legal únicamente en Cuba, Puerto Rico y Uruguay. En la mayoria de los paises, el aborto no es permitido ni siquiera en caso de violación como el arriba citado.

En los nuevos objetivos de la ONU a partir del 2016, llamados Objetivos de Desarrollo Sostenible, el quinto objetivo es alcanzar la igualdad de género. En este objetivo consta, entre otros sub-puntos, “Eliminar todas las formas de violencia contra todas las mujeres y las niñas en los ámbitos público y privado, incluidas la trata y la explotación sexual y otros tipos de explotación[2]. Esta meta no ha sido alcanzada aun en NINGUN país del mundo.

Cuando recibí la invitación a escribir esta reflexión, el título sugerido fue “La agenda ecuménica frente los desafíos sociopolíticos contemporáneos.” Considerando que las mujeres son más de la mitad de la población de América Latina y del mundo, y que la violencia contra las mujeres alcanza niveles inadmisibles en todos y cada uno de los países del continente latinoamericano, este desafío sociopolítico se presenta urgente.

Socioculturalmente, todas las religiones, y en al caso de Latinoamérica, el cristianismo, influyen considerablemente en el imaginario social de género.  Sea un país profundamente religioso o sea éste secular, en el inconsciente social existen valores claramente ligados a conceptos religiosos donde se legitima que el hombre predomina sobre la mujer. Los conceptos patriarcales de un Dios jerárquico ayudan a mantener estos imaginarios socilales y politicos autoritarios. . Citando al teólogo Hugo Córdoba, cuando identificamos a Dios únicamente como Padre y lo colocamos encima de una pirámide de poder “…lo que hemos hecho es crear una imagen idolátrica de Dios a fin de manipular la divinidad misma en pos de mantener el sistema héteropatriarcal.”   Es justamente este tipo de teología heteropatriarcal que legitimista la violencia contra las mujeres.

Si bien en los últimos años algunas iglesias han comenzado a reflexionar sobre el tema de género, aun son mínimos los aportes hacia una agenda ecuménica en este sentido. En el mundo católico romano, hablar de “derechos reproductivos y sexuales” de las mujeres es aun impensable. Si bien existen grupos pioneros como “Católicas por el derecho a decidir” o teólogas como Ivone Gebara  que trabajan y alzan su voz profética  por los derechos de las mujeres, la Iglesia Católica Romana oficial sigue sin aceptar la planificación familiar o el sacerdocio de las mujeres y el divorcio sigue siendo considerado pecado aun en casos donde la mujer sea maltratada violentamente por su marido. En las iglesias neopentecostales, la posición es muy similar a la católica romana. Un ejemplo es lo recientemente ocurrido en Brasil. El debate sobre la educación sexual en la enseñanza levantó fuerte oposición de iglesias neopentecostales llevando a impedir la implementación de la misma según lo propuesto por el gobierno y poniendo así en peligro la salud y la vida de muchas mujeres brasileras. En el mundo protestante, las posiciones frente a los derechos de las mujeres varían, pero es aun mayoritariamente tabú hablar de derechos sexuales y reproductivos o de violencia contra la mujer dentro de la iglesia.

El panorama no es más alentador en lo referente a la educación teológica y pastoral. Los temas de género son tratados, en el mejor de los casos, como temas optativos y marginales. Y la inmensa mayoría de las casas de estudio teológico no brindan a las y los estudiantes la preparación que necesitan  para enfrentar los desafíos de género de la sociedad.  Un análisis hermenéutico serio de los textos sagrados con perspectiva de género es raramente hecho y cuando existe, es una materia optativa y generalmente pensada solamete para mujeres.

La realidad sociopolítica que enfrentan las mujeres en Latinoamérica nos desafía repensar los modelos sociales que se reproducen desde las iglesias. Para ello es necesario usar herramientas teológicas liberadoras que evoquen modelos no jerárquicos. Una herramienta teológica posible es la teología feminista de liberación. Esta teología no es una teologia “de mujeres” o “para mujeres”. Al decir de la teóloga brasilera Ivone Gebara,  la teología feminista es una herramienta política que nos desafía a comprender los símbolos cristianos a partir de la valorización del ser humano en una perspectiva igualitaria.[3] Es una herramienta política hacia una justicia socioambiental apreciando las diversidades entre seres humanos y de toda la creación como un don de Dios. La teología feminista de la liberación está estrechamente ligada a la teología de la liberación latinoamericana en cuanto concuerda con la necesidad de reinterpretar la Biblia desde la perspectiva de las personas oprimidas. Esta teología tiene un carácter crítico con el fin de llamar la atención a estructuras injustas que opriman la libertad de las mujeres y otros grupos marginados.

Se hace necesaria una reflexión teológica ecuménica que ayude a superar el dualismo y abra el debate a imágenes de Dios no jerárquicas. Este es un desafío para hombres y mujeres, en pos de una sociedad más inclusiva para todas las personas.

Adriana Gastellu Camp

Magister en teología

Iglesia Sueca

Junio, 2016

[1] http://unstats.un.org/unsd/mdg/Resources/Static/Products/Progress2015/Gender_Chart_Web.pdf

[2] http://www.latinamerica.undp.org/content/rblac/es/home/post-2015/sdg-overview/goal-5.html

[3] GEBARA, Ivone. Teología al ritmo de mujer, Madrid, Ed. San Pablo, 1995.

No Comments


Leave a Reply

Your email address will not be published Required fields are marked *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

*