La rebelión de los límites: la crisis de la deuda, el vaciamiento de la democracia y el genocidio económico-social IV

Por Franz Hinkelammert

 

El asesinato por medio del dejar morir

 

La denuncia del asesinato ordenado por el poder económico tiene historia. En la biblia judía es expresamente denunciado:

 

Mata a su prójimo quien le arrebata su sustento, vierte sangre quien quita el jornal al jornalero. Eclesiástico, 34, 22

 

Bartolomé de las Casas se decide a ser uno de los defensores de los indígenas de América basándose en este texto que lee y medita y a través del cual se convierte. Resulta que son los indígenas quienes son víctimas de asesinatos de este tipo.  El eclesiástico denuncia igualmente este asesinato.

 

Al final del mismo siglo XVI asume Shakespeare este tipo de denuncia y la pone en la boca de Shylock, el personaje del Mercader de Venecia:

 

Me quitan la vida si me quitan los medios por los cuales vivo.

 

Esta problemática aparece de nuevo en los siglos XVIII y XIX. Se comienza a hablar sobre el laissez faire: Laissez faire, laissez passer. Los críticos lo tomaron irónicamente: Laissez faire, laissez mourir. Pero especialmente importante es Malthus que insiste en: laissez mourir en vez de laissez faire. Adam Smith dice eso mismo de la manera siguiente:

 

En una sociedad civil, sólo entre las gentes de inferior clase del pueblo puede la escasez de alimentos poner límite a la multiplicación de la especie humana, y esto no puede verificarse de otro modo que destruyendo aquella escasez una gran parte de los hijos que producen sus fecundos matrimonios… Así es, como la escasez de hombres, al modo que las mercaderías, regulan necesariamente la producción de la especie humana: la aviva cuando va lenta y la contiene cuando se aviva demasiado. Esta misma demanda de hombres, o solicitud y busca de manos trabajadoras que hacen falta para el trabajo, es la que regula y determina el estado de propagación, en el orden civil, en todos los países del mundo: en la América Septentrional, en la Europa y en la China.» (Smith, 1983: 124)

 

En Adam Smith este dejar morir es ahora ley del mercado, lo que no es en Malthus. Según Smith, los mercados siempre dejan morir a aquellos que en el interior de las leyes del mercado no tienen posibilidad de vivir y así debe ser. Es parte de la ley del mercado. El equilibrio de la mano invisible se realiza dejando morir a aquellos que caen en la miseria. Si volvemos a la cita del eclesiástico, eso significa que el equilibrio se logra por el asesinato de los sobrantes.

 

Es claro que para Mathus y Smith la tesis de Eclesiástico, según la cual se trata de un asesinato, no es aceptable. Sin embargo, Marx insiste en eso y cita en el  Tomo I del Capital la tesis correspondiente de Shakespeare, pero de esta manera también al eclesiástico, del cual Shakespeare reproduce  lo que dice. Por eso también Marx sostiene que las afirmaciones citadas de Malthus y Smith desembocan en el asesinato.

 

Es interesante el hecho de que Smith presenta este dejar morir como consecuencia de una ley del mercado. Por tanto hay un legislador que condena a la muerte y este es el mercado.

 

En esta forma, es decir, como ley, todo eso sigue válido hoy y lo vivimos precisamente ahora con la condena del pueblo griego a la miseria a la cual han seguido otras condenas y seguirán muchas más.  El poder económico condena a la muerte por medio del mercado y ejecuta. Es la ley, es decir, la ley del mercado, que ordena estas condenas. Con eso da el permiso para matar y los portadores del poder económico resultan agentes 007.

 

Esta ley del mercado tiene dos dimensiones. Una es la de la ética del mercado, de la cual habla Max Weber. Hayek la sintetiza: garantía de la propiedad privada y cumplimiento de los contratos. El cumplimiento de los contratos implica el pago de las deudas. Esta ética del mercado es ética de cumplimiento ciego: no hay razones para someter sus normas, que todas son normas formales, a un criterio de juicio y de evaluación. Como dice Milton Friedman, valen por fe en el mercado. Vale un rigorismo ético absoluto.

 

Al lado de esta ética del mercado se trata de leyes del mercado del tipo del dejar morir a los seres humanos sobrantes, es decir, los que no tienen cabida en el mercado, según la cita de Smith. Leyes del mercado de este tipo constantemente son inventadas. Hoy toda la estrategia de globalización se considera ley del mercado que hay que cumplir ciegamente. Eso vale especialmente para el sometimiento de todas las relaciones sociales bajo las relaciones del mercado y la privatización en lo posible de todas las instituciones de la sociedad.

 

Ambas dimensiones de las leyes del mercado están íntimamente relacionadas. Una no existe sin la otra. Tienen en común su destructividad para la conveniencia humana, sea con los otros seres humanos, sea con la naturaleza entera. Se declara entonces esta destrucción resultante de destrucción creativa, de la cual hablaba Schumpeter, usando la expresión destrucción creativa de Bakunin sin citarlo obviamente. No se puede negar que existe esta destrucción, pero se la hace tolerable por ser pretendidamente creativa. No pesa sobre la conciencia moral,  tanto más cuanto más ciegamente toda destructividad es declarada creativa. Quien no puede pagar con dinero, tiene que pagar con sangre. Ese es el principio del Fondo Monetario y de los bancos.

 

El caso mayor de estos genocidios de las últimas décadas ocurrió en Rusia. Dice un autor, basándose en un análisis de eso en la revista inglesa The Lancet:

 

Observando que la población “perdió aproximadamente cinco años de esperanza de vida entre 1991 y 1994” los autores sostienen que semejante degradación de las condiciones de vida es consecuencia directa de las “estrategias económicas implementadas para pasar del comunismo al capitalismo”. Las que habían sugerido, junto con otros, los money doctors franceses.

 

Se habían producido millones de muertes. Pero todo con muy buena conciencia. Tan buena conciencia, que los medios de  comunicación casi no mencionaron este gran genocidio. Los genocidios que se anuncian con el plan para Grecia posiblemente llegan a resultados parecidos. Tampoco se van a publicar mayormente.

 

La misma ley, en nuestro caso hoy, la ley del mercado, es transformada en la fuerza del crimen que se comete. Eso me recuerda a una afirmación de San Pablo:

 

La espina de la muerte es el crimen, la fuerza del crimen es la ley. 1 Cor 15,56

 

La ley se transforma en la fuerza del crimen y activa la espina de la muerte. La ley soluciona todos los problemas de una posible mala conciencia de aquellos que cometen el crimen. Están cumpliendo una ley y por tanto no cometen ningún crimen.  Precisamente eso ha ocurrido ahora con Grecia. El Fondo Monetario, el banco central europeo, el consejo europeo y los gobiernos de Merkel y Sarkozy son declarados inocentes del crimen que efectivamente cometen en nombre de una ley que la propia sociedad burguesa ha promovido. Se trata del corazón de piedra que tiene que ser cultivado en nuestros ejecutivos para ser capaces de hacer lo que hacen.

 

Si se actúa de esta manera, la conciencia moral se da vuelta y se invierte. Se tiene ahora mala consciencia si no se comete los crímenes. Son ahora un deber en el cumplimiento de la ley.

 

Eso dificulta mucho toda crítica de las violaciones de derechos humanos. Cuando Pinochet estaba prisionero en Londres por la sospecha de genocidio y de muchas otras violaciones de los derechos humanos, Magaret Thatcher lo visitó demostrativamente. Según la opinión de ella, Pinochet había cumplido con la ley al perseguir violadores de la ley. Toda crítica de las violaciones de los derechos humanos de esta manera puede ser inmunizada.

 

Se da inclusive la posición al revés. Aquel que comete estas violaciones de los derechos humanos, se siente tan libre de cualquier crimen, que goza de manera sádica los sufrimientos de aquellos que está persiguiendo. Goza aquello que él considera como la justicia. De esta manera el ejercicio del poder llega a ser goce del poder y, al final, goce del sufrimiento de los otros.

 

En el año 1991, el jefe de Nestle, Maucher escribió un artículo en la revista de los empresarios alemanes, en el cual declaró que necesitaba en su empresa managers con “Killerinstinkt”, es decir, con el instinto para matar.

 

No solamente Nestle necesita “Killerinstinkt” para que resulten sus chocolates deliciosos, todo servicio secreto también lo necesita. No tendrían torturadores si no tuvieran personas con “Killerinstinkt”. Killerinstinkt es el instinto de torturadores que viven en su acción su goce sádico. También la formación de las tal llamadas tropas de élite es la formación del “Killerinstinkt” en sus miembros. Se han desarrollado inclusive técnicas para fomentar este instinto. Este Killerinstinkt es necesario para la fomentación, tanto de la violencia directa, como de la violencia del dejar morir en nombre del mercado.

 

Se trata de goce de la desgracia y del dolor del otro. Se trata de sadismo. El sadismo es el aceite de la máquina del poder. Este hecho está visible por todos lados, pero casi todo el mundo se cuida mucho de analizarlo o denunciarlo. Es un secreto a voces.

 

Consideraciones finales

 

Este asesinato ordenado por el mercado jamás es la única alternativa, aunque siempre es interpretada por los medios de comunicación como tal. Siempre existe la alternativa de la regulación y canalización de los mercados, como lo era posible después de la II Guerra Mundial, pero necesariamente es la intervención en los privilegios de aquellos que tienen el poder económico. Sin embargo, nuestra sociedad vive una tal idolatría del poder, que esa alternativa no es considerada con el resultado de que toda la sociedad se ha transformado en asesina y criminal.

 

Hoy la tarea es desarrollar una sociedad capaz de regular y canalizar el mercado en un grado tal, que ya no puede pronunciar condenas de muerte. Esa es la sociedad de la cual se trata.

 

Para lo anterior me he apoyado en un reciente extraordinario discurso de Theodorakis como también en posiciones de Jean Ziegler. Posiciones de este tipo en nuestros medios de comunicación son al unísono caracterizadas como extremismo. Participar en estos genocidios económicos es considerado realismo. Rechazarlo es extremismo. Así tiene que ser en una sociedad organizada por los responsables de estos genocidios.

 

Theodorakis estuvo presente en el tiempo de la ocupación militar de Grecia por las tropas alemanes durante la II Guerra mundial, en la cual se realizó un pillaje de todo el país y el asesinato de alrededor de un millón de personas. Fue miembro de la resistencia griega y conoció personalmente las cárceles de la Gestapo. Después de la guerra, Alemania, que era responsable, no tenía ninguna deuda con Grecia. De todas maneras, estas deudas eran impagables y, por tanto, fueron anuladas. Sin embargo, hoy Grecia debe a Alemania también sumas absolutamente impagables, pero Alemania no anula las deudas, sino exige su pago hasta el último peso. Otra vez Alemania hará en nombre de esta deuda un completo pillaje de este país y realizará un genocidio económico sin piedad. Y en Alemania apenas aparece resistencia frente este escándalo. Una de las pocas excepciones es Günter Grass, que, sin embargo, fue maltratado por casi todos los medios de comunicación. Alemania, que una vez se autollamaba el país de los poetas y los pensadores, destruye sus raíces. Y una de estas raíces es Grecia.

 

Theodorakis dice en su discurso que ahora está todo el campo libre para  la privatización hasta de la Acrópolis. No tengo duda de que el capital alemán con gusto es capaz de comprarla y declararla propiedad de algún banco alemán. Y los filósofos alemanes, ¿van a celebrar este fabuloso éxito? Y ¿qué dirá Hölderlin?

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